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Redefiniendo nuestra relación con la alimentación y el cuerpo

  • Foto del escritor: JUAN CARLOS  REZA BAZAN
    JUAN CARLOS REZA BAZAN
  • 3 nov 2024
  • 2 Min. de lectura


Cuando enfrentamos problemas de alimentación, frecuentemente bloqueamos la conexión con nuestro cuerpo, quizás debido a sus formas: curvas, protuberancias, flacidez o celulitis. Estas características pueden parecer lejanas a los estándares de “belleza” predominantes, y, a menudo, la única forma que encontramos para sentir algo es a través de la comida. Cuanto más “cariño” o “afecto” sentimos que necesitamos, mayor es la cantidad de alimento que “nos regalamos”.


La comida se vuelve un ajuste creativo


Comer se convierte en un ajuste creativo que alimenta nuestra noción de “autocuidado”. Sin embargo, esta forma de auto-complacencia puede cruzar la línea hacia la autoagresión: cuando creemos que nos estamos amando a través de excesos, también estamos ingiriendo el desprecio del mundo por no cumplir con sus estándares hegemónicos.


Es vital entender que el camino hacia una autoestima constructiva no tiene nada que ver con cumplir las exigencias externas. Tampoco se trata de desafiar al mundo demostrándole que nos amamos “mucho” a través de atracones. Se trata, en cambio, de redescubrirnos, de aceptar nuestra apariencia corporal y de cuidar de ella mediante una alimentación que no se base en un estómago excesivamente lleno o en la incomodidad de la indigestión.


“No estoy a la altura”


Es esencial encontrar hábitos que armonicen nuestras sensaciones de bienestar con la saciedad. Aprender que no necesitamos caer en la compulsión por sentir que “no estamos a la altura” es el primer paso hacia un desarrollo saludable y sin complicaciones. Los excesos en nuestra alimentación pueden llevar a desajustes en el cuerpo, como el aumento de colesterol, triglicéridos, ácido úrico, entre otros problemas.


Por lo tanto, debemos percatarnos de que nuestra relación con la comida, por deliciosa que esta sea, no se traduce necesariamente en “amor propio” a través de su cantidad o sabor. Nuestro cuerpo generalmente nos manda señales de saciedad, pero nuestra búsqueda de afecto puede bloquear esas señales, llevándonos a buscar el placer inmediato en la comida.


Pedir ayuda es importante


Es aquí donde puede ser crucial buscar ayuda psicológica y terapéutica. Necesitamos aprender a escuchar nuestras verdaderas necesidades afectivas, cuestionar nuestras exigencias respecto a los estándares de belleza y entender que una autoestima saludable no implica tener un cuerpo perfecto, sino lograr una armonía en la cantidad y calidad de los alimentos que consumimos, sin hacernos daño en el proceso. La clave radica en redescubrir el amor propio a través de una relación equilibrada y consciente con la alimentación y nuestro cuerpo.



 
 
 

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