top of page

Las redes sociales y la trampa de las etiquetas: ¿nos estamos justificando detrás de la salud mental?

Foto del escritor: JUAN CARLOS  REZA BAZANJUAN CARLOS REZA BAZAN


Vivimos en una época en la que las redes sociales han transformado la forma en que nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. Hoy, basta con ver unos cuantos reels o videos cortos para toparnos con explicaciones rápidas y digeribles sobre nuestros bloqueos emocionales, nuestras formas de vincularnos o incluso la manera en la que saboteamos nuestras relaciones. De pronto, términos como apego ansioso, ghosting, procrastinación o gaslighting aparecen en nuestro vocabulario cotidiano como si siempre hubieran estado ahí.


Este fenómeno tiene un lado positivo: nos ha dado palabras para nombrar lo que antes sentíamos de manera confusa o dolorosa. Nos ofrece cierto alivio encontrar una definición que encaje con eso que nos duele o nos frustra. Nos sentimos comprendidos al descubrir que no estamos solos, que lo que nos pasa tiene nombre y hasta una explicación.


Sin embargo, este mismo acceso a la información puede volverse un arma de doble filo. Nos acostumbramos a vernos a través de etiquetas y empezamos a usarlas como justificación para todo aquello que nos lastima o lastima a otros. "Soy así porque tengo apego evitativo", "No me hables así, tengo ansiedad", "No puedo comprometerme, es mi trauma hablando". Y así, lo que empezó como un intento de conocernos, termina convirtiéndose en un disfraz que el mundo no solo tolera, sino que a veces aplaude por ser "honesto" o "consciente".


El problema es que entender de dónde vienen nuestros patrones no es lo mismo que responsabilizarnos por ellos. Comprender el origen de nuestras heridas emocionales no nos exime del trabajo de cambiarlas. El riesgo es quedarnos cómodamente instalados en esas etiquetas, repitiendo los mismos comportamientos una y otra vez, pero ahora con la excusa de que "así soy y tengo una razón".


La salud mental está ganando, con justa razón, un lugar central en la conversación pública. Pero no podemos perder de vista que su verdadero propósito es impulsarnos hacia la transformación, no solo ofrecernos una narrativa que justifique por qué no cambiamos.


Informarnos es fundamental, pero también es necesario preguntarnos qué hacemos con esa información. ¿Nos sirve para crecer o solo la usamos para justificarnos? ¿Nos ayuda a construir relaciones más sanas o perpetúa la idea de que nuestros defectos están fuera de nuestro control?


Hacernos cargo de nuestras heridas no significa negar lo que hemos vivido, sino decidir qué hacemos hoy con lo que somos. Porque al final, la responsabilidad emocional no es solo entenderse, sino actuar en consecuencia.


La próxima vez que te encuentres describiéndote con alguna de estas etiquetas, detente un momento y pregúntate: ¿Estoy usando esta definición como una excusa o como un punto de partida para mejorar? Recordemos que conocernos no es el final del camino, sino el inicio de un proceso que requiere valentía y compromiso.


Si sientes que estas etiquetas te han ayudado a ver aspectos de ti que antes no reconocías, pero no sabes cómo dar el siguiente paso, tal vez sea momento de buscar acompañamiento terapéutico. La terapia es un espacio seguro donde, más allá de las etiquetas, podrás trabajar en lo que realmente te limita y comenzar a construir nuevas formas de relacionarte contigo y con los demás.


La información que circula en redes es valiosa, pero nunca podrá sustituir la experiencia de mirarte de frente, con honestidad y responsabilidad, para transformar aquello que hoy te detiene.


Tu bienestar emocional merece más que una definición: merece acción, consciencia y cuidado genuino.



 
 
 

Comments


bottom of page