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La resistencia a las nuevas ideas: Un miedo generacional a perder relevancia

  • Foto del escritor: JUAN CARLOS  REZA BAZAN
    JUAN CARLOS REZA BAZAN
  • 14 ago 2024
  • 2 Min. de lectura


La historia de la humanidad está marcada por la constante evolución de ideas, valores y principios. Sin embargo, este proceso de cambio no siempre es bien recibido. La resistencia a las nuevas ideas es un fenómeno recurrente, muchas veces impulsado por un temor profundo: el miedo generacional a perder relevancia en un mundo en constante transformación.


Este miedo se manifiesta como una resistencia al cambio, una defensa instintiva ante la posibilidad de ser excluido del progreso. Las generaciones que se aferran a sus valores y principios arraigados lo hacen, en parte, para protegerse de la incertidumbre que acompaña a lo nuevo. Estas creencias se convierten en escudos y armaduras, protegiéndolos de la idiosincrasia de las nuevas generaciones, quienes a su vez, buscan empujar a la sociedad hacia una expansión de las reglas deontológicas actuales.


Este choque de generaciones no es un simple conflicto entre lo viejo y lo nuevo; es un reflejo de un proceso más profundo de autodefinición y evolución. Cada generación representa un grado de evolución de la humanidad hacia una vida más equilibrada e incluyente. Sin embargo, cuando las generaciones establecidas son cuestionadas por sus sucesores, surge una resistencia natural hacia las nuevas perspectivas. Estas nuevas ideas, aunque vistas con escepticismo, tienen el potencial de recuperar y revalorizar espacios que han sido mal aprovechados o ignorados en el pasado.


Es crucial reconocer que la resistencia al cambio no es simplemente una negativa caprichosa, sino una respuesta compleja al miedo de perder un lugar en la evolución de la humanidad. Sin embargo, para que una sociedad avance, es esencial que las generaciones más veteranas aprendan a evolucionar de forma individual. Esta evolución no significa abandonar los valores fundamentales, sino abrirse a la posibilidad de que las nuevas ideas, aunque en un principio se perciban como descabelladas, pueden ser el comienzo de una nueva etapa de crecimiento y desarrollo.


Cada generación se autorregula no sólo con ideas novedosas, sino también con aquellas que buscan acotar actitudes o conductas que excedan el respeto al derecho de las comunidades y sus convivencias. La verdadera evolución no radica en la mera adopción de nuevas ideas, sino en la capacidad de discernir cuáles de estas pueden contribuir a una mayor armonía, tolerancia y pacificación en las relaciones humanas.


En última instancia, la resistencia generacional a las nuevas ideas puede ser superada a través del diálogo intergeneracional, la empatía y la disposición a aprender. Es en esta apertura al cambio donde radica el verdadero progreso, uno que nos lleva hacia un futuro donde el respeto, la tolerancia y la armonía sean los pilares de nuestra convivencia. La evolución de la consciencia humana es un proceso continuo, y cada generación tiene un papel crucial en esta historia en constante desarrollo.



 
 
 

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