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La danza del Self: Lecciones de interconexión en "El Principito"

  • Foto del escritor: JUAN CARLOS  REZA BAZAN
    JUAN CARLOS REZA BAZAN
  • 10 mar 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 10 mar 2024



En el fascinante universo de "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry, no solo encontramos una encantadora fábula infantil, sino una profunda reflexión sobre el autodescubrimiento y la interconexión del Self con su entorno. Al igual que el Principito explora diversos planetas y entabla conversaciones con singulares habitantes, nosotros también nos sumergimos en la danza de la existencia y la intrincada red que tejemos con el mundo que nos rodea.


En la Terapia Gestalt (TG), se resalta que el crecimiento personal no puede tener lugar en aislamiento. De manera similar a cómo el Principito extrae lecciones valiosas de cada encuentro en sus travesías interplanetarias, nosotros también obtenemos sabiduría de nuestras interacciones diarias y de nuestra capacidad creativa. Cada relación, cada experiencia, configura la trama de nuestro desarrollo personal.


El Principito demuestra que el Self no existe en un vacío, sino que está inextricablemente vinculado a las fuerzas positivas y negativas que gobiernan el campo de nuestra existencia. De manera análoga, la TG aboga por la conciencia de la conexión entre nuestro mundo interior y exterior. Es en esta danza continua entre el individuo y su entorno donde se forja el crecimiento significativo.


El libro nos invita a reflexionar sobre la autenticidad y la honestidad como pilares fundamentales en el desarrollo de la consciencia. Al interactuar con personajes como el zorro, descubrimos la importancia de ir más allá de las apariencias y conectarnos con la esencia genuina de cada ser. Este llamado a la autenticidad resuena profundamente en la TG, que abraza la totalidad de la experiencia personal.


Asimismo, la historia del Principito destaca la interdependencia entre el individuo y su entorno. Al explorar planetas y relacionarse con sus peculiares habitantes, el protagonista descubre que su crecimiento y comprensión del Self están intrínsecamente vinculados a la compleja red de relaciones y experiencias.


El campo terapéutico, en la TG, se presenta como un fragmento de la realidad donde podemos ser quienes queremos ser o quienes definitivamente no estamos siendo. El papel del terapeuta, además de acompañar en el viaje, es el de facilitador de un campo propicio para comprender nuestras acciones e inacciones en el proceso de contacto con el mundo. Tal como sucede en el consultorio, el paciente replicará esto en el mundo exterior. Aquí es donde observo el papel crucial del terapeuta, que no necesariamente alecciona, sino que ayuda a construir bases sólidas para potenciar la capacidad creativa de cada consultante y su habilidad para satisfacer plenamente sus necesidades, ya sean afectivas, vitales o sociales.


El Principito es, sin duda, una profunda reflexión sobre el campo terapéutico y su potencial en el proceso de desarrollo de la consciencia.




 
 
 

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