El arte de mantener y dejar ir en las relaciones afectivas
- JUAN CARLOS REZA BAZAN
- 22 jul 2024
- 2 Min. de lectura

Las amistades y las relaciones amorosas-afectivas son, en su mayoría, circunstanciales. Nos encontramos con personas en diversos momentos de nuestras vidas, y en algunos casos, deseamos quedarnos. Para lograrlo, hacemos esfuerzos conscientes y dedicados. Sin embargo, cuando perdemos el interés, la afectividad se diluye.
Una dinámica común en las relaciones es la de sentir seguridad en la permanencia del otro, sin considerar si el deseo de estar juntos es mutuo. Este desequilibrio puede erosionar la conexión emocional. Las relaciones afectivas no sólo deben fortalecerse durante las crisis, sino que necesitan ser nutridas constantemente, como se cuida a una planta, para que no mueran.
A veces, elegimos quedarnos en una relación porque el deseo de que funcione es más fuerte que la capacidad de reconocer su incompatibilidad. En tales casos, es esencial vivir y experimentar la relación plenamente para tomar una decisión informada. No podemos obligarnos a permanecer ni podemos obligar a los demás a quedarse. La decisión de estar juntos debe ser única y particular, basada en la coincidencia en tiempo y espacio.
Es igualmente importante sentir la libertad de irnos cuando lo necesitemos. Esta libertad previene la asfixia emocional que puede traducirse en violencia o toxicidad. En última instancia, lo ideal es encontrar un equilibrio donde ambos puedan decidir permanecer juntos, sintiendo siempre la opción de partir si la relación deja de ser saludable.
En resumen, las relaciones afectivas requieren un esfuerzo continuo y un balance entre el deseo de permanecer y la libertad de partir. La coincidencia en tiempo y espacio es fundamental, pero también lo es la capacidad de reconocer cuándo es momento de dejar ir. Vivir plenamente cada relación nos permite tomar decisiones que honren tanto nuestro bienestar como el de la otra persona.
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